Para sobrellevar mejor la cuarentena, PUNTO SUR reedita para sus lectores la historia de nuestra ciudad, que fue publicada entre los números 19 y 23 del periódico, entre marzo y julio de 2008. Abarca desde los orígenes hasta la autonomía. En esta primera entrega, desde los aborígenes hasta los españoles.

Investigación.
Néstor Sierra Fernández
@nesifear

Los primeros tiempos de Lanús no son diferentes a los de la Ciudad de Buenos Aires ni a los del país. Estas tierras eran habitadas por aborígenes Guaraníes y mayoritariamente por Querandíes y Pampas, si bien podría considerarse a los dos últimos como una misma etnia, ya que los Querandíes son llamados en la bibliografía consultada como Querandíes pámpidos.

Éstos tenían tres grandes asentamientos: uno en la zona de la actual Wilde; otro en tierras aledañas al brazo del Río Matanza (lo que mal llamamos Riachuelo) donde hoy se ubica el Puente La Noria (distrito de Lomas de Zamora), donde se han encontrado muestras de alfarería y, ya en Lanús, una amplia zona de afincamiento en la actual Valentín Alsina, en un radio que partía del lugar donde hoy forman esquina las avenidas Rivadavia y Remedios de Escalada de San Martín, hasta el río.

Estos grupos aborígenes vivían en el actual distrito de Lanús sin sobresaltos: se dedicaban a la alfarería, la agricultura y la pesca, para la que aprovechaan las crecidas del río colocando grandes redes en la que los peces quedaban atrapados cuando el agua bajaba.

La página electrónica de la Casa de la provincia de Buenos Aires, ilustra que «los Querandíes desaparecieron hacia la segunda mitad del siglo XVII, en manos de encomenderos. Su economía tenía en gran parte por base el pescado, que secaban y molían en morteros de piedra para hacer harina; esto era completado con la caza de venados en el interior. Como vivienda, usaban mamparas o toldos de cuero muy primitivos. Su vestimenta era, en las mujeres, una faldilla de cuero hasta las rodillas, y en los hombres, un manto de pieles de nutria. Sus armas eran el arco y las flechas, además de las boleadoras.

Conocían de alfarería, que decoraban con motivos geométricos incisos bastante simples»; gracias al hallazgo de algunos restos de estos elementos, en oportunidad de las excavaciones para la construcción del Puente de La Noria, los arqueólogos supieron entonces de que eran los Pampas quienes habitaron esta zona.

Pero en febrero de 1536 (o finales de 1535) llega la expedición de Pedro de Mendoza y con él, el comienzo del fin de los Pampas, a la par de lo que sucedió en todo el territorio del Virreynato del Río de la Plata y en América.

Cabe aclarar, con respecto a la verdadera fecha de llegada de Mendoza, que no hay una coincidencia neta. Jorge Lanata cita a Ulrico Schmidl, cronista integrante de la tripulación de Don Pedro, que afirma como año de la llegada el de 1535, pero en esa época los españoles usaban un calendario distinto al gregoriano. Además, a principios del siglo XX Eduardo Madero, empresario y autor del proyecto del puerto de Buenos Aires, encontró documentación que atestiguaba que Mendoza se encontraba ese año en España. De modo que los historiadores coincidieron en ubicar el verdadero año de fundación de Buenos Aires en 1536. Pero el historiador Luqui Lagleize se interroga: «¿Qué mes? En febrero, pero… ¿Qué día, el 2 o el 3?. De haber sido el 2, Buenos Aires debió haber sido bautizada como ‘La Candelaria». De modo que la fecha en la que Lagleize concluye como la de la primera fundación de Buenos Aires es el 3 de febrero de 1536. (1)

Donde Lanús se anota algún poroto es en el posible lugar de fundación de Buenos Aires, que difiere según cada historiador. Es que para Guillermo Furlong, fue «a cuatro leguas del Río de la Plata ‘a la altura del puente Uriburu, donde nace la avenida Sáenz». Pero para otros autores, la Ciudad de Santa María del Buen Ayre nació en la actual intersección de las calles Humberto Primo y Defensa, en el barrio porteño de San Telmo, o en Parque Lezama, de acuerdo a la orden real de fundar la ciudad en «terrenos altos y no anegadizos». Otros historiadores se aventuran que fue en Escobar o en Ingeniero Maschwitz.

Lo cierto es que los aborígenes, tal vez por miedo o por mística, fueron buenos y dóciles con los conquistadores, al menos en un principio. Al ver el sojuzgamiento al que eran sometidos, un día desaparecieron y dejaron de buscar alimentos para los españoles. Este hecho provocó la ira de las huestes de Pedro de Mendoza, quien además de traer la sífilis trajo la crueldad: su hermano Diego estuvo al mando de sus acompañantes en el combate del río Matanza, entre el 19 y 21 de marzo de 1536, que terminó con la vida de cinco mil hombres, mujeres y niños querandíes, matanza que bautizó popularmente al río. Los españoles sufrieron tan sólo 27 bajas. (1)

Sin indios y sin comida, fueron frecuentes los actos de canibalismo entre los mismos españoles. En su libro Viaje al Río de la Plata, el cronista Ulrico Schmidl cita a un viajero alemán de la tripulación de Mendoza: «…Además la gente no tenía qué comer y se moría de hambre y padecía gran escasez, al extremo que los caballos no podían utilizarse. Fue tal la pena y el desastre del hambre que no bastaron ratas ni ratones, víboras ni otras sabandijas; hasta los zapatos y cueros, todo hubo de ser comido».

Prosigue el alemán que tres españoles robaron un caballo y se lo comieron a escondidas, por lo que se les prendió y fueron ajusticiados. «Ni bien se hizo la noche, algunos otros españoles cortaron los muslos y otros pedazos del cuerpo de los ahorcados, se los llevaron a sus casas y se los comieron. También sucedió que un español se comió a su propio hermano que se había muerto».

Pero la garra de los querandíes no se apagaba. «En este tiempo -finaliza el alemán- los indios asaltaron nuestra ciudad con gran poder y fuerza… consiguieron quemar nuestras casas, pues estaban techadas con paja; excepto la casa del capitán general que estaba cubierta con tejas».

El 15 de agosto de 1537, Juan de Ayolas funda la ciudad de Asunción y, finalmente, diezmados por la enfermedad y la hambruna, los españoles que quedaban en lo que hoy es Capital Federal y el primer cordón del Gran Buenos Aires, Lanús en éste, abandonan Buenos Aires el 10 de mayo de 1541, y parten hacia Asunción remontando el río Paraná. (2)

Los Pampas y Querandíes volvían a vivir tranquilos, pero no por mucho tiempo: en 1580 Diego Ruíz de Ocaña (hijo de Juan) vuelve al mando de 2500 hombres, que finalizan con la tarea de exterminio de los aborígenes.

El reparto de tierras de la zona.

Ya sin aborígenes, tras la segunda fundación de Buenos Aires Juan de Garay lotea y reparte las tierras cercanas a la Plaza Mayor, también lo hace con las tierras de la actual Lanús, Avellaneda y Lomas de Zamora. Garay describe su reparto de estancias desde el Valle de Santa Ana (hoy Cañada de Arregui, en la confluencia de Wilde y Quilmes) hacia afuera las dos primeras «suertes» y luego vuelve al valle de Santa Ana para distribuirlas en dirección a la Capital. De esta forma llega a la «Punta de Gaitán», que correspondía a las lomadas de Bernal (Quilmes).

El documento siguiente, del cual se reserva la grafía original, da cuenta de la manera en que Garay, de puño y letra, repartió las tierras: «Luego desde aquella punta a de empesar el Señor Adelantado Juan de Thorrez de Bera, y a de correr asia el río, digo asia el Paraná, a dar en unos asientos y labores que están allí de los naturales, y desde allí a de correr por frente hasta dar en la boca del riachuelo del Puerto de Santa María de Buen Ayre, y con aquel anchor y por aquel derecho, a de correr a la tierra adentro legua y media». (3)

La legua y la vara, unidades de medida de la época, tenían la siguiente equivalencia: 1 legua= 6000 varas= 5199,9 metros.

Las actuales calles Máximo Paz/Eva Perón y Centenario Uruguayo marcan los límites de la estancia concedida por Garay a Juan Torres de Vera y Aragón según los rumbos corregidos en el siglo XVIII.

 

1 Según Lanata, Buenos Aires pudo haber sido bautizada como «La Candelaria» porque en 1370 el barco en el que unos marineros navegaban hacia estas costas estuvo a punto de naufragar debido al peso, por lo que sus tripulantes decidieron aligerar la carga bajando una gran caja, que se quedó en el lugar de la costa donde fue dejada. Al abrir la caja que les había salvado la vida, cuyo contenido ignoraban, se encontraron con la virgen de Nuestra Señora de la Candelaria». Jorge Lanata, «Argentinos», 3ª ed. Ediciones B Argentina, Bs. As, 2002.

2 Op. Cit.

3 «Del pago del Riachuelo al Partido de Lanús: 15361944», Alberto de Paula, Ramón Gutiérrez y Graciela María Viñales, Archivo Histórico de la Provincia de Bs. As. ‘Ricardo Levenne’, Buenos Aires, 1975.

Lanús: la historia que nuestros abuelos no nos contaron

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