Por Néstor Sierra Fernández
@nesifear

 

 

(Crédito fotos: Georgina García. -Org. Estables, Min. Cultura de la Nación-)

 

Se puede vislumbrar que los espectadores tenían la certeza previa del goce del arte. Pero la vivencia de quienes llenaron un teatro con una gran acústica meritoria y acorde, de dejarse envolver por la magia de voces de las mejores de Argentina, superaron las expectativas.

El Coro Polifónico Nacional, anoche, canta «Como la cigarra». (Néstor Sierra Fernández)

 

Pero este humilde periodista, que intentará hacer una buena crónica, no puede prometerla. Por el tiempo en que la escriba, ojalá me inmersa en el cuerpo de Belisa Crepusculario, el personaje del cuento «Dos palabras» de Isabel Allende que tenía por oficio crear palabras hermosas y encantadoras, Pero no alcanzaría ninguna. Al Coro Polifónico Nacional, que de éste se trata, hay que verlo, pero principalmente, oirlo y sentirlo en el alma.

Con el homenaje a la gran María Elena Walsh como «excusa» convocatoria, el Coro Polifónico regaló anoche en el Teatro Roma a sala llena, en Avellaneda, un concierto que permanecerá en la memoria.

A las 20.05 los 40 cantantes, entre primeras voces y coreutas, el maestro pianista Gustavo Popi Spatocco, el contrabajista Ricardo Cánepa y el percusionista Matías Furió (dirigidos por el Maestro Antonio Domenighini), iniciaron la noche con «Serenata para la tierra de uno», tema que interpretaron las voces angelicales de la soprano Renata Schneider, la contralto Milagros Seijó, el tenor Lucas Erenkraut y el barítono Martín Caltabiano.

(Crédito fotos: Georgina García. -Org. Estables, Min. Cultura de la Nación-

 

Ya la magia de esa primera interpretación envolvió al medio millar de espectadores que colmaron la sala de la calle Sarmiento. Un teatro de bella arquitectura y de mediano tamaño, que lo hace acogedor y a la vez con una acústica excelente e ideal y apropiada para conciertos como el del Coro Polifónico.

Luego vinieron «Sábana y mantel» (Sábana y mantel. Son trapos de ser humano / si humano lo dejan ser/…) «El señor Juan Sebastián» (No son los ángeles que cantan / no son los pájaros ni el mar / es un señor lleno de cielo / el señor Juan Sebastián…) «Endecha española» (Fui peregrina feliz / De luz española/ Después, con muerte en el alma / Ave que se desploma) «Como la cigarra» (Ver video que ilustra esta nota) y otras composiciones de la gran autora argentina.

Todas, regalos para el alma del Coro Polifónico, durante una hora de arte inigualable.

Y es este el final de esta crónica que pretendió ser buena. Pensando en los amigos lectores, ojalá les logre transmitir en algo lo que sentimos los quinientos asistentes que colmamos el auditorio del Teatro Roma.

Pero al Coro Polifónico Nacional hay que sentirlo y oírlo en el alma.

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Año XVI Edición 5871