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Vie, Jul 12, 2024

Lic. Néstor Sierra Fernández
@nesifear

La Argentina es nuestra casa grande, y la vivienda que habitamos es nuestra casa chica. Y en tu casa, suponete que ganás 100: sos soltero/a, cobrás y salís con tus amigos, comés afuera todos los viernes, salís los fines de semana, te gastaste los 100 y tenés que gastar otros 20.

O algún amigo o familiar te los presta o recurrís a la tarjeta, es decir el banco. El mes que viene, volvés a ganar 100 y a gastar 120, te vuelven a prestar… ya al tercer o cuarto mes sucede que quienes te van prestando los 20 mensuales ya no te prestan y te exigen devolver la deuda, o la que te lo exige es la tarjeta, que te va a pedir el doble de tu deuda. Conclusión: no se puede vivir de prestado. Terminás trabajando más duro para pagar tus deudas, con tus amigos o con la tarjeta, a la que a esta altura ya le diste de baja.

En nuestra casa grande sucede lo mismo: quienes hoy tienen 20 años o menos, siempre vivieron con inflación. ¿Viste la ruedita de la jaula de un hamster, en la que el animalito gira y gira y gira eternamente? Eso es la Argentina.

Acabo de cumplir 59 años, de los cuales viví con baja inflación solo nueve, entre 1992 y 2001. La sufrimos desde 1949 (yo no tanto, claro). Pasaron gobiernos peronistas, dictaduras, radicales, Juntos, y todos tuvieron inflación. Y un común denominador: el déficit fiscal, es decir que desde la segunda presidencia de Juan Domingo Perón los gobiernos gastan más de lo que recaudan (déficit fiscal) o de lo que les ingresa en total (cuenta corriente).

Perdón por la autoreferencia, pero es lo que me desespero por explicar semana a semana a través de mi colega Jessica Sena en Informados, por Telecrativa. Hace dos años y medio que participo, y no me voy a cansar de repetir que es la emisión para financiar  el déficit lo que provoca la inflación, y ya lo explicó David Ricardo en su Principios de economía política y tributación, publicado en 1817, o 4000 años de control de precios – cómo no bajar la inflación- (Schuetingger y Butler).

Más antaño, Martín de Azpilcueta, sacerdote y economsta fundador de la Universidad de Salamanca, al observar que con tanto oro y plata que ingresó a España proveniente de América, los precios comenzaron a subir, escdribió: «… El dinero vale más donde y cuando hay falta de él, que donde y cuando hay abundancia» . (Comentario resolutorio de cambios (1556)

Incluso Milton Fridman acuñó su célebre frase «La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario».

Pero a pesar de tantas evidencias, los gobiernos argentinos creen haber descubierto la pólvora de emitir sin inflación, pero no.

Mirá este cuadro de Juan Cruz Tiscornia, Inveq, que muestra el resultado fiscal entre 1961 y 2019

Es ahí cuando empieza a girar la ruedita del hamster: para financiar ese gasto, los gobiernos suben impuestos, pero no bajan el gasto; como siguen gastando más, piden prestado, emiten bonos, se le pide a otros gobiernos, que cuando se avivan que no les vamos a pagar, no nos prestan más y piden que se la devolvamos, entonces les pedimos a los buitres, y después los gobiernos emiten.

Llegado a este punto, por la emisión debido a un gasto cada vez mayor, hay exceso de billetes, que empiezan a perder valor, pues se empiezan a gastar y, ante el aumento de la demanda de bienes, ante la misma cantidad de bienes, suben los precios (otra vez el monstruo de la inflación).

Tras cartón, a la par, como los tomates, como la ropa, como todo, también aumenta el dólar, o sea, se desvaloriza el peso, y más aumentan los bienes (el clásico «Y… es por el dólar, vio»). Entonces, el Banco Central vende reservas para que haya más  oferta de dólares para que el precio no suba, pero todos vamos a comprar dólares, para protegernos de la devaluación del peso.

Después nos presta el Fondo Monetario, y después los manifestantes de izquierda lo putean porque le tenemos que pagar…  ¡lo que le pedimos!

Este otro cuadro de Instituto Argentino de Análisis Fiscal continúa el resultado fiscal hasta 2022

Nada puede ser eterno. Si nuestros países hermanos y vecinos en abril tuvieron apenas un leve movimiento de precios (Bolivia: 0,18%, Brasil 0,61%, Chile 0,3%; Uruguay, 0,75%), los argentinos tenemos que poder. En las elecciones de este año, ojalá demostremos que como sociedad hemos madurado, y madura quien afronta problemas nuevos. Démonos cuenta que los subsidios, en cualquiera de sus formas, hizo que en el país de los alimentos haya 9,1 millones de argentinos pobres y 2,4 millones de indigentes, según reveló el Indec.

Es hora de que toda la sociedad se dé cuenta que solo salimos con trabajo, después trabajo y más trabajo. Y para ello, tiene que haber inversiones, y las habrá cuando bajen los impuestos, para lo que tiene que bajar el gasto a cero, y así no hará falta emitir, y no habrá inflación. Y con inversiones, las empresas pedirán más trabajadores, aumentarán los salarios que, además, sin inflación mantendrán su poder adquisitivo.

Leo al genio de Claudio Zuchovicki: hay gente que confunde movilidad social con distribución; movilidad social es producir más para agrandar la torta y que haya más para repartir, pero distribuir es sacarle a uno para darle a otro.

Bajar el gasto será doloroso, sí. Habrá que terminar con los subsidios, por lo que primero se deberán actualizar los precios relativos, como el de la energía eléctrica, el gas y el transporte en GBA. Y también los alicaídos salarios. Luego que se equilibren las cuentas, habrá parate económico y más recesión. Así sucedió en todos los países que atacaron a la inflación: Japón en 1978, Israel en 1985, entre otras muchas naciones.

Nuestros padres vivieron mejor que nuestros abuelos. Hagamos el esfuerzo como sociedad para que nuestros hijos no se vayan y tengan una vida mejor que la nuestra, con progreso, pero en nuestra Casa Grande llamada Argentina. Hagámoslo votando a quien diga en campaña que va a cambiar planes sociales por trabajo y educación. Será un buen comienzo.

Y la ruedita eterna del hamster le dará lugar a un círculo virtuoso.

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Año XVIII, edición Nª 6517

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