Por Néstor Sierra Fernández
@nesifear

El camino al infierno está plagado de buenas intenciones. Esta conocida frase es un buen resumen del mensaje con el que el ministro de Economía, Martín Guzmán, explicó el «entendimiento» con el Fondo Monetario Internacional, el viernes último en conferencia de Prensa.

Desde luego, es plausible que la Argentina haya pagado al FMI los 730 millones de dólares que vencían  el viernes: Argentina es deudor del FMI, y el país debe honrar sus compromisos. no haberlo hecho hubiera llevado a la Argentina al infierno financiero, sin nadie ya que le vuelva a prestar a, por ejemplo, el empresario que quiere invertir en un bien de capital para producir y dar trabajo, o a los Estados nacional o provinciales, para obras.

Guzmán propone en el «entendimiento», según expresó, bajar la inflación (con un «enfoque integral en el que se parte que es un fenómeno multicausal». ¡Muy bien!) e ir bajando el déficit y, consecuentemente, la asistencia del Banco Central al Tesoro. Pero ¡sin bajar el gasto!

El ministro habla de una «reducción del déficit fiscal primario (es decir, ingresos tributarios menos egresos) «sobre la base de una economía que se recupera», lo que ya lo da por seguro. Todos lo deseamos, pero Guzmán se esperanza en que dará resultado «un conjunto de políticas que apuntan a promover el desarrollo de los sectores que tienen capacidad de generar divisas». Se ve que Guzmán pudo conquistar a su mujer con un buen verso que tenía planeado de antemano, y entonces debe pensar que todo le va a salir como lo tiene pensado. Para optimista, Guzmán.

Quien tiene la tarjeta personal con la que se presenta como «Ministro de Economía», prevé un camino descendente del déficit fical: para el 2022, será un de 2,5% del PBI; para el 2023, 1,9%,  y en 2024, 0,9%».

En cuanto a la reducción de la asistencia del Banco Central al Tesoro, lisa y llanamente la emisión, que es la causa principal de la inflación, prevé una «reducción gradual pero decidida de esa asistencia que en 2021 finalizó en el 3,7% del PBI», augura que esa asisencia «en 2022, será del 1%; el año que viene del 0,6% y en 2024, cercana a cero».

Por el lado cambiario, confirmó que se continuarán con las pequeñas devaluaciones, con una brecha entre el dólar oficial y paralelo del 100 por ciento, lo que obliga, como sabemos, a que las alicaídas reservas del Banco Central sigan secándose para sostener, como puede, al blue o CCL.

Pero el mismo Guzmán se enorgulleció con su pausada oratoria que «el Estado va a tener un rol expansivo, con el gasto creciendo en forma moderada, con una expansión de la inversión pública». Primero dice que va a bajar el gasto y luego, que el gasto va a crecer. La pregunta del millón (y no de dólares o de pesos, sino de argentinos) es saber cómo va a hacer para financiar ese «rol expansivo» al tiempo que baja el déficit.

Esto, habida cuenta de que el FMI le seguirá financiando la deuda de 44.500 millones, pero para pagar la deuda y, lo que sobre, para engrosar las reservas «hasta 5000 millones de dólares», explicó el ministro. Queda claro que del FMI no van a salir los fondos para financiar ese aumento del gasto al tiempo que se baja el déficit.

Todo gasto se financia, con ahorros, o si no con más impuestos, o con préstamos o si no con emisión. O bajando el gasto en otros rubros, pero la restricción presupuestaria nunca existió para los gobiernos peronistas.

¿Cómo parecería que va a financiar ese gasto público? Con un «ataque a la evasión tributaria, sobre todo en el segmento de mayor contribución, y disponer de medidas para atacar el lavado de dinero». Parece demasiado poco.

Seguramente, parte del financiamiento de ese gasto provendrá de la reducción de subsidios a la energía, algo que el aplicado alumno de Stiglitz no mencionó en los 22 minutos de anuncios. Pero sí lo dijo el FMI al anunciar el «entendimiento»: «acordamos que una estrategia para reducir los subsidios a la energía de manera progresiva será fundamental para mejorar la composición del gasto público».

«También hemos acordado que el apoyo financiero adicional de los socios internacionales de Argentina (¿China? ¿Rusia? ¿Cuba, Venezuela, Nicaragua?) ayudaría a reforzar la resiliencia externa del país y sus esfuerzos para asegurar un crecimiento más inclusivo y sostenible», dijo el Fondo. No confundir con un anuncio: el verbo es en potencial.

Tampoco aclaró el ministro cómo logrará «tasas de interés reales positivas», que las tasas superen a la inflación, que es incompatible con el exceso de pesos por emisión monetaria. La tasa de interés es el precio del dinero, y para que suba ese precio, la oferta de pesos debería ser menor a su demanda. Además, con una inflación que ex ante del «entendimiento» se prevé en un 60 por ciento anual, una tasa positiva para el ahorrista significa, consecuentemente, una tasa muchísimo mayor que el banco le cobra al productor que se le ocurra tomar un préstamo para comprar un bien de capital para producir.

Con las buenas intenciones de bajar el gasto y la emisión de a poco, sin reservas y pequeñas devaluaciones y aumentando el gasto público atacando la evasión (¿y si prueba bajando los impuestos?), Guzmán construye el camino al infierno.

Como su certeza de que habrá recuperación productiva. Aunque él confía en la providencia divina. Después de todo, Dios no es argentino pero sí el Papa.

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Año XVI Edición 5871