Por Néstor Sierra Fernández
@nesifear

Un nuevo paro sindical se aunó al congelamiento de tarifas para poner al descubierto lo que habíamos adelantado el año pasado en este medio. Las empresas distribuidoras de gas en el AMBA, Metrogas y Camuzzi, tuvieron que restringir o cortar el fluido a estaciones de GNC e industrias, que por contrato, el servicio es «interrumpible» cuando hay una merma.

En ese sentido, ambas situaciones afectan la provisión de gas en el país y ya quedaron impactadas directamente más de 450 estaciones de servicio de GNC y 80 industrias, tal lo que informa hoy el periódico La Nación.

En 2020, debido al congelamiento tarifario, que derrumbó la inversión en yacimientos de gas, más las limitaciones que generó la pandemia, la producción total cayó 9%.

La falta de producción derivó en un nuevo pedido a Bolivia de que le aumente la exportación de gas a la Argentina, pero el país vecino también tuvo un declinamiento en sus yacimientos, por lo que solo nos podrá vender el 30 por ciento de la oferta de gas del año pasado.

De acuerdo a la misma nota de Sofía Diamante, según estimaciones oficiales, además se utilizaron combustibles alternativos (fuel, gasoil y carbón) para paliar la falta de oferta local por aproximadamente 17 millones de gas equivalentes, a un costo promedio de entre US$10 y US$11 el millón de BTU (medida inglesa que se utiliza en el sector), mucho más caro que los US$7,5 que cuesta en promedio el gas natural licuado (GNL) importado o la producción local (US$3,90).

Es decir que por importar el gas o recurrir a combustibles alternativos, sumado a los subsidios a las empresas, con costos en dólares, el país gasta muchos más dólares, escasos ahora, que alentar económicamente a las empresas productoras a que exploren y obtengan más gas. En síntesis, es mucho más caro importar, con todo lo que ello implica (costo de traer el barco regasificador que había despedido Mauricio Macri más el de mantener el que está atracado en Escobar) que producir. Es lo caro que sale el populismo.

El gobierno subsidia a los usuarios de Ciudad de Buenos Aires y Provincia de Buenos Aires gran parte de su consumo, debiendo emitir dinero (el que recauda no le alcanza) para dárselo a las empresas (gas, eléctricas, transporte). Lo que lo pagamos entre todos. Ante el aumento del dólar por dos veces y media, y la inflación desde marzo de 2019, las empresas deberían actualizar las tarifas, pero el mismo gobierno no  se lo permitió al ministro de Economía, Martín Guzmán (que sin embargo, sigue en el cargo).  Por lo tanto, las empresas no invierten y cayó la producción. Y empezó la limitación del gas.

Por lo tanto, como todos los recursos son escasos y tienen usos alternativos (lo explica cualquier curso introductorio de Economía), al haber menos gas, no alcanza para todos. Si le dan a las industrias para que sigan produciendo y dando trabajo, le tienen que sacar a los hogares, lo cual le quitaría votos al Gobierno en septiembre. Entonces, para darles gas a los hogares, le cortan a las industrias, por lo tanto, menos producción, menos venta, más desocupación. En pandemia.

Escribe en su obra «Introducción a la Economía» el economista y profesor Daniel Pérez Enrri, en la primera página:

 (En la ciencia económica) «Aparecen, entonces, dos premisas que son inherentes a la naturaleza humana: Las necesidades son prácticamente ilimitadas:

  • La evolución de la cultura genera nuevos requerimientos, el hombre se hace más sofisticado y se incrementa el número de bienes y servicios “indispensables” para su vida.
    • Los recursos son limitados en relación con los deseos de los individuos.

El concepto de escasez acompaña al desarrollo de las sociedades y a la teoría económica; es una constante humana. Si bien el hombre puede trabajar sobre los recursos, localizándolos, explotándolos, mejorándolos o transformándolos, no puede originarlos».

Se supone que alguien en el Gobierno lo sabe y le tiene que decir al Presidente: «Jefe, muy lindas las tarifas baratas, pero alguien las paga, y si no permite que acomoden las tarifas a la inflación, y que el usuario pague lo que consume, ninguna empresa va a invertir para perder plata…, voy a tener que gastar más plata importándolo, para lo que voy a tener que emitir, lo que trae inflación y es peor».

O sea: no hay de todo para todo el mundo, al menos gratis. En consecuencia, lo que se consume hay que pagarlo. El populismo hace creer que el gas, y la luz, y el boleto del colectivo y del tren, es barato. Entonces, los usuarios residenciales derrochan gas, pero el fluido que derrocha se lo saca a otros argentinos.

Hasta que un día, si seguimos gastando lo que no se produce por falta de incentivos, no tengamos ni gas, ni luz, ni colectivos. Y nos coman los piojos.

El autor es director de PUNTO SUR, periodista especializado en economía. Aprobó con la calificación más alta «Economía general» en la carrera de Periodismo en la Universidad de Lomas de Zamora. Completó el curso «Economía para periodistas» en el Banco Central de la República Argentina (2017). Inició el Máster en Economía Aplicada en UADE. Condujo el programa «Expreso Económico» por el canal Telecreativa, de Lanús.

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Año XVI Edición 5716