Ante la pandemia del coronavirus, el Presidente Alberto Fernández se vio en un dilema: la cuarentena para cuidar la salud de la población, con el costo de parar la economía, o la continuación del consumo y, por ende, la producción. De haber elegido este último lema, los argentino corríamos el riesgo de sufrir un número de fallecidos por coronavirus tal vez similar a los de Italia, España o Nueva York.

Por suerte, Fernández pidió consejos y asesoramiento a los mejores sanitaristas del país y, gracias al aislamiento, si bien al 19 de abril tuvimos que lamentar 134 fallecidos, ese número representa una tasa del 2,9 por millón, y la Argentina logró reducir la posibilidad de contragios de la enfermedad, de 3 por cada afectado a 1.

Estos números demuestran por ahora el acierto en la elección del término del dilema, con el consabido efecto de baja del PBI en la economía. Era el riesgo. La elección es elogiable, pero las decisiones para hacer menos costosa la crisis económica tiene varios puntos criticables.

Desde el gobierno se explicitó el deseo de otorgar préstamos a tasa baja a las pequeñas y medianas empresas sin actividad para pagar salarios, (si el comercio no vende, no le compra al productor y no puede pagarle a los empleados), para lo que se hace sobretrabajar a las máquinas impresoras de billetes. El dinero emitido fue en parte a la ayuda de los productores y comerciantes, pero también al pago detransferencias a los beneficiarios de planes sociales.

Pensando en las pymes, el gobierno emitió 700 mil millones de pesos: 350 mil millones con la impresión lisa y llana y, el resto, pagándoles a los bancos privados las Leliqs (letras de liquidez) para que se lo presten a las pymes y comercios al 24%, cuando se esperaba, hasta antes de la pandemia, una inflación anual de más del 50 por ciento. Por supuesto, como los bancos lo único que quieren es ganar plata, no solo no lo prestaron sino que compraron dólares, haciendo subir la cotización del “contado con liqui” a màs de 120 pesos, por lo que el BCRA debió volver a ofrecer las Leliq, retirando del mercado de dinero $300 mil millones, para bajar la presión inflacionaria.

La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario, pues se produce cuando el Banco Central emite (según el dicho popular, cuando “se le da a la maquinita”) aumentando la base y la oferta monetarias. La base monetaria está constituída por el dinero que todos tenemos en nuestros bolsillos más lo que los bancos tienen depositado en cuenta corriente en el BCRA, y la oferta monetaria es la base más lo que las personas tienen en cuenta corriente en los bancos, M1, más lo depositado en cajas de ahorro, lo que se denomina M2. Cuando M2 sobrepasa por encima de la necesaria para comprar todos los bienes y servicios de una economía, los bienes aumentan su precio o, lo que es lo mismo, el billete pierde su valor.

El PBI, es decir la producción de bienes y servicios, en 2019 fue de $24,92 billones (Indec). Este año, solo en lo que va de este mes, el gobierno emitió $45.920 millones, lo que sumado al período enero-marzo, la base monetaria se expandió la friolera de $594.102 millones por encima del PBI.(datos del BCRA). Como ya venimos advirtiendo desde estas columnas, el país va camino a la hiperinflación, pues la astronómica oferta de billetes impulsará su valor a la baja, y consecuentemente los precios comenzarán a crecer tras el levantamiento de la cuarentena, cuando la actividad económica vuelva y los ciudadanos que tengan dinero en sus bolsillos o en sus cuentas salgan a satisfacerse de las necesidades que ahora no pueden, mientras que otros refugiarán sus ahorros en el dólar, y no en papeles como los pesos, que carecen de una de las características de una moneda para ser tal, ser reserva de valor.

500 mil millones de pesos más que los necesarios, sumados a lo que ya habìan sido emitidos, antes del aislamiento, y una disminución de la demanda de bienes, presionarán los precios, lo que llevará inevitablemente, lo repetimos, a la hiperinflación, que solo logrará que más argentinos integren la triste estadística de la pobreza y la indigencia.

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Año XVI Edición 5939