Una noche de arte majestuoso de nivel mundial ofrecieron anoche la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por el Maestro Carlos Vieu, junto a las voces del Coro Polifónico Nacional y las de la soprano Jaquelina Livieri y la mezzosoprano María Luisa Merino Ronda, que interpretaron la Sinfonía Nº 2 «Resurrección», del austríaco Gustav Mahler.

La soprano Jaqueline Livieri (izq), la mezzosoprano Merino Ronda (der) El maestro Vieu dirigiendo a la Orquesta Sinfónica y arriba y detrás, el Coro Polifónico (Crédito: Georgina García, Dirección Nacional de Organismos Estables -DNOE-)

El primero de los cinco movimientos de la sinfonía intercala climas lentos y sombríos, cortados abruptamente por fuertes golpes de percusión, para pasar luego a la calidez de cuerdas y vientos, que alude a la Marcha fúnebre. ¿Por qué? Malher contó que tenía escritos los primeros tres movimientos de la Sinfonía, pero no lograba darle un final, por lo que la Sinfonía estuvo 7 años inconclusa. Presentó la obra al director Hans von Bülow, quien la rechazó. Al morir Bülllow en 1894, funeral al que fue Mahler, allí escuchó la musicalización de la oda Resurrección, del poeta alemán Friedrich Gottlieb Klopstock.

Fragmento final del concierto (Gentileza: Laura Sangiorgio)

«Fue como un relámpago y súbitamente todo se aclaró para mí. Ese relámpago me impulsó a traducir musicalmente lo que yo había vivido en ese momento. ¿Pero si yo no hubiese ya tenido en mí esa obra, cómo podía yo haber vivido ese instante?   ¡Había miles de personas en la iglesia en ese momento!   Sin cesar me digo a mi mismo: ¡es sólo porque vivo esos instantes que yo compongo y sólo porque compongo es que vivo esos instantes!». Y fue entonces que compuso el quinto y último movimiento.

Para el 2do. Movimiento, ingresaron el Coro Polifónico (ronda el centenar de maravillosas voces, entre hombres y mujeres coreutas) y las enormes mezzosopranos Livieri y Merino. La «Ballena» -como se conoce  por esa forma al auditorio de música clásica del Centro Cultural Kirchner- colmada de asistentes, siguió deleitándose con la continuidad de la ejecución de la Orquesta Sinfónica.

Ese  segundo movimiento, Andante moderato,  es algo más alegre, un Lander (similar a partes de loa 9ª sinfonía de Beethoven, a la que Mahler tanto temor tenía de que su obra se pareciera).

Pasaron 50 minutos como si fuera uno solo cuando llegó el tercer movimiento, In ruhig fliessender Bewegung («Con movimiento tranquilo y fluido»), una verdadera belleza para el alma, para dar luego paso al 4to movimiento: Urlich (Luz pristina), (Muy solemne pero simple) que con la voz de Merino Ronda, el fallecido cuenta su camino «a la luz, a la resurrección».

La orquesta y, detrás, el Coro Polifónico (Georgina García, DNOE)


Los hombres sufren una gran necesidad / los hombres sufren con gran pena /  Yo preferiría estar en el cielo / 

Venía por un ancho camino / cuando un angelito intentó hacerme retroceder / pero rechacé regresar. /Vengo de Dios, iré a Dios.

Así, se llega al 5to. movimiento, Tempo des Scherzo – Wild herausfahrend (Conducido de manera salvaje). Auferstehung (Resurrección), para un final majestuoso. La Orquesta Sinfónica, comandada por Vieu, volcó ese clima «salvaje» que dio Mahler al paso a la resurrección, con sonidos ascendentes que derivan en la apoteosis final, con las voces de Merino Ronda, Livieri y las del maravilloso Coro Polifónico al unísono con los acordes de violines, chelos, contrabajos, violas, y todos los instrumentos de viento y percusión.

Para concluir así, con un interminable aplauso de pie de toda la sala repleta, una noche de arte majestuoso de nivel mundial.

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Año XVI Edición 5871