Investigación:
Néstor Sierra Fernández
@nesifear

Juan Lanusse era hijo de Pedro o Jean Lanusse (1) y Juana Casanova. Francés como sus padres, nacido en la zona de los Pirineos, llega a la Argentina entre 1811 y 1814. La modificación de su apellido Lanusse por «Lanús» fue hecha tal vez por error al inscribirse en la Aduana a su llegada o quizá porque el hecho que sus padres hayan elegido a nuestro país como destino pudo deberse a problemas de persecución política, ya que eran tiempos de enconos entre Francia y España, debido a la invasión napoleónica, y Lanusse padre haya querido evitar recelos aquí, donde era marcada la influencia hispánica.

La familia se instala en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, donde don Pedro ejerce actividades comerciales y sabe entretejer relaciones influyentes, ya que también ejerció actividades políticas, por lo que el 22 de febrero de 1825 la Legislatura lo declara por Ley «Ciudadano de América en la Provincia», título que no se le otorgaba a cualquier europeo.

De todas formas, años después la familia Lanús se afincará en Buenos Aires.

El matrimonio Lanusse o Lanús tuvo cinco hijos: Juan (quien se casará con Clara Alurralde), Leopoldo, Rosa, Lucio y Anacarsis, que nació en Concepción del Uruguay en 1821.

En octubre de 1848, Anacarsis se casa en Capital Federal con Dolores, hija de Pedro Rojas, médico que actuó en los ejércitos libertadores del general José de San Martín. El matrimonio fructificó en 4 hijos: Juan Ricardo, Luisa y Lola, además de otro chico homónimo. Anacarsis (padre, el que nos ocupa) se dedica también al comercio, más específicamente a la importación de molinos desde Estados Unidos, y su venta. Para ese fin, funda la casa «Lanús y Hnos.», sita en la calle Rivadavia 343, de Buenos Aires.

Tras la caída de Rosas a manos de Urquiza en la batalla de Caseros en 1852, el 29 de diciembre Anacarsis comienza su actividad como funcionario: es nombrado segundo jefe de la Policía de la provincia de Buenos Aires, cargo al que renuncia 2 meses después.

El 29 de septiembre de 1854, Anacarsis Lanús compra en estos lares la primera parcela de tierra. El enorme latifundio formaba un rectángulo cuyo perímetro estaba limitado por las vías del Ferrocarril del Sud -que ya llegaba hasta la estación Jeppener-, la calle Máximo Paz y su continuación Eva Perón y las arterias Basavilbaso y Arias.

Cabe subrayar que comenzó a existir en el incipiente pueblo un apeadero, en donde si algún pasajero del tren procedente de Constitución quería bajar en ese punto de la actual ciudad, por entonces distrito de Barracas al Sud (1865-1908), debía hacerle señas al guardia o banderillero.

¿Si ya había gente en Barracas al Sud para subir o descender del tren? Sí que la había. En 1869 se realiza el primer censo, ordenado por Domingo F. Sarmiento; ese estudio determina que en el distrito ya había 8003 habitantes.

Anacarsis Lanús procede al loteo, dividiendo la enorme parcela en nueve calles paralelas a las vías y ocho perpendiculares. Eso sí, tomó ambos lados de las vías, pues en la intersección de las actuales calles Melo y Llavallol fundará años después la Capilla de Santa Teresa, donde se casará una de sus hijas.

Además, instala el predio del «Circo de Santa Teresa», un hipódromo que tenía como perímetro las calles Honda (hoy Hipólito Yrigoyen), Santa Teresa (25 de Mayo), Carlos Casares y el Camino del Puente Alsina (Máximo Paz). Incluso el diario «La Nación» (a cuya fundación, el 1 de enero de 1870, Lanús colaboró financieramente con su amigo Bartolomé Mitre, llegando a ocupar un cargo en el directorio) lo destacó en su página con toda pompa.

También, aprovechando la presidencia de su amigo (1862-1868), le solicitó que se instale en sus campos una estación ferroviaria del Ferrocarril del Sud, pedido al que Mitre le respondió que debía cederle al ferrocarril parte de sus tierras. El objetivo de Lanús era obvio: el progreso económico, más personal que social, ya que con una estación ferroviaria aumentaría el valor de los terrenos loteados. Luego de algunas idas y venidas, el ferrocarril accede a levantar una «estación de prueba». Ante el éxito, se instala la estación definitiva, a la que Anacarsis bautiza como Santa Teresa. Con ese nombre a la estación, la iglesia, el circo y una calle, está de más subrayar, por si no había quedado clara, la devoción de don Anacarsis por esa virgen.

Dos veces me quisieron matar.

Durante 1867 se desarrolla la guerra de «la Triple Alianza»(2), entre Paraguay y la entente Argentina-Brasil-Uruguay. El presidente Mitre envía a su amigo Lanús con la aparente intención de sondear al héroe paraguayo, Francisco Solano López, la rendición o un tratado de paz. Tal vez, Lanús haya sido enviado como espía. De cualquier forma, el gobierno de Solano López lo acusa de tal y es mandado a fusilar. Lanús hace la promesa que, de salvarse, levantaría una iglesia dedicada a Santa Teresa. La virgen lo escuchó, porque después de arduas negociaciones diplomáticas, es liberado y expulsado de Paraguay. Luego cumplirá su promesa.

Igualmente participa de la guerra con abastecimiento a los ejércitos de campaña, pero tuvo importantes pérdidas por falta de pago del Gobierno argentino por ese servicio.

Más tarde, el 25 de abril de 1874 Anacarsis Lanús resultó electo senador provincial por Buenos Aires, pero no duraría mucho en el cargo: por sus permanentes ausencias y presionado por su adhesión al mítrismo, lo obligan a renunciar.

El apoyo a su amigo Mitre le traería otro gran problema: el 20 de junio de ese año, su vida corre riesgo otra vez, al ser asaltada su casa.

También en 1874, tras el triunfo de Avellaneda y la derrota de Mitre, las huestes de don Bartolomé intentan una revolución. Para financiarla, Mitre le pide dinero a su amigo, con la promesa de devolución si triunfaba. Lanús cumple con él, pide un préstamo poniendo sus tierras de Barracas al Sud como garantía. Pero la revolución no prospera y Lanús se quedó sin las tierras, que quedaron para el Estado, hipotecadas e indivisas. Más tarde, su hermano Juan recomprará las tierras, levantando la hipoteca.

En 1887, Anacarsis obtiene la sanción de la Ley Nº 2189, por la que se aprueba un contrato con el gobierno, el 25 de abril, para la construcción de las vías férreas para unir Argentina con Bolivia.

Partida de defunción de Anacarsis Lanús. (Fuente: M. de Leo)

Un año y medio después, embarcado en pleno proyecto pero con un cáncer intestinal, Anacarsis Lanús muere a las 9 de la noche del 14 de octubre de 1888, en su casa de la calle Piedad 378 (actualmente, jugadas del destino, Bartolomé Mitre), en Capital Federal, según consta en el acta de defunción del Registro Civil de esa ciudad, fechado al día siguiente a las tres de la tarde. (3)

En su testamento expresa sus deseos de que se forme, dentro del éjido de sus tierras, «El Pueblo de Lanús». El documento está fechado el 12 de agosto de 1874 (4), menos de dos meses después de que su vida corriera serio peligro por segunda vez.

 

Lucio Victorio Mansilla relata que «una fría noche de julio de 186…, una mujer que supo ser rica, tapada de pies a cabeza entró en una joyería. Un hombre que la quería, y que ella quería, la seguía de lejos. La mujer salió del negocio y, presurosa, se dirigió a su casa amplia. El hombre la vio entrar y constató de quién se trataba.

«Al día siguiente, el hombre se dirige, presuroso, a la joyería. El comerciante le confiesa que la mujer había ido a empeñar una joya, por la que el joyero le pagó 5 mil pesos. «Bien, déme el brazalete -usted me conoce-. Aquí tiene sus cinco mil pesos», le exigió el hombre al joyero. «Rápido, encara hacia la casa de la mujer, otrora rica. Al verla, le da el brazalete. «-Por Dios, ¿qué es esto?se sorprende ella. «El hombre le explica que su marido había ayudado a su padre, al del hombre, dándole una casa en tiempos de pobreza. Y que él, por gratitud, la iba a ayudar con una mensualidad y construyéndole una casa.

«Ese hombre -continúa Mansilla- acaba de morir. Escribo estas líneas bajo la impresión de la triste nueva: no pago con ellas sino un pequeño tributo a su memoria, presentando su ejemplo, como tipo envidiable, a los que hayan sentido alguna vez solicitado su corazón por los deberes de la gratitud, o a aquellos que sean refractarios a tan noble emulación. Ese hombre se llamaba Anacarsis Lanús.

«La mujer que, en noche fría y oscura, vagaba por las calles de Buenos Aires, para empeñar sus joyas, se llama Agustina Rozas. Esa mujer es mi madre, y estoy seguro que cuando lea ella estas líneas reconocerá que yo soy hijo genuino de sus entrañas, y que del modo más digno, hago honor a la memoria de uno de los hombres más buenos que ella ha querido, y que a ella la han querido.

«No sé si sobre la tumba de los muertos hay otro modo de recogerse en esta hora tristísima de la consumación final.Yo sólo sé decir que me desprendo de toda preocupación social y de orgullo, para declarar aquí bien alto: que no hay sobre la tierra hombres mejores que el que ya no existe, que Anacarsis Lanús.» (5)

(1) El autor Roberto Herrera, en su libro «Lanús y su historia», signa como «Pedro» el nombre de pila del padre de Anarcasis Lanús, pero otros documentos lo refieren con el nombre francés de Jean. Incluso, en la partida de defunción de Anacarsis, se detalla «hijo de Juan Lanús…»

(2) La «Guerra de la Triple Alianza» se desarrolló entre Paraguay y la alianza Argentina – Brasil – Banda Oriental (Uruguay). Tuvo su origen en los deseos ingleses, en plena revolución industrial, de obtener algodón (de cultivo tropical) como materia prima para fabricar telas, con la que abastecían a Europa y América. En un principio, intentaron que les den tierras en el Sur de los EE.UU. (por donde pasa el trópico de Capricornio), pero como éstos disputaban la guerra de secesión, el tiempo pasaba y el algodón se terminaba, tentaron al presidente paraguayo, Francisco Solano López, para que les dieran tierras. Ante la total negativa del mandatario guaraní, los ingleses, vía cónsules, lograron enfrentar a las naciones sudamericanas.

(3) Partida de defunción del Registro Civil, segunda sección, de Capital Federal, 15 de octubre de 1888, en lanusmunicipio.com.ar

(4) Roberto Herrera, op. Cit. (5) «Entre nos», Lucio V. Mansilla, Causeries del jueves. Ed. Hachette, 1963.

Agradecimientos: Sr. Alberto Tossi, Museo Juan Piñeyro, Lanús.

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2 Comentarios

Beatriz 10 de diciembre de 2021 at 15:43

Qué hermosa nota! Esta y las anteriores-posteriores que casi por casualidad vengo a descubrir.. Sin haber nacido en Lanús, estoy hace más de 30 años viviendo aquí y lo siento en mi corazón como el espacio que quiero definitivamente. Y una manera de identificarse aún más, es conocer la historia y a quiénes la fueron construyendo. Muchas gracias, y como sugerencia me encantaría saber más acerca de los cines en la zona . Como hilo de investigación creo que es muy rico.

    admin 14 de diciembre de 2021 at 17:18

    Muchísimas gracias, señora Beatriz, por su comentario. Le tomo la propuesta de la historia de los cines.

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Año XVI Edición 5716