Por SOLANGE FINKELSZTEIN
Mg. en Economía. Coordinadora de la Maestría en Economía y la Maestría

en Dirección de Finanzas y Control, en UADE Business School.
economia@puntosurweb.com.ar

 

En Argentina, en septiembre de 2016 el Banco Central lanzó el régimen de metas de inflación. Así, repentinamente muchos inversores se vieron inmersos en el mundo de las LEBACS (Letras del Banco Central) de un día para otro. Gente  que no manejaba habitualmente en su cartera de activos más instrumentos que un depósito a plazo fijo o en moneda extranjera, repentinamente comenzó a invertir en las LEBACS. Aquí el por qué y los efectos que tiene esta política sobre la economía real.

No hay dudas que resultaba imprescindible sacar los pesos de circulación que estaban demás después de la emisión monetaria que había tenido lugar en los últimos años en la Argentina. La monetización del déficit público que había tenido lugar como mecanismo de financiamiento del gasto público, había dejado muchos más pesos en circulación de los necesarios, resultando en una pérdida del poder adquisitivo de la moneda doméstica, viéndose esto reflejado en un alto índice de inflación.

Reducir el excedente de pesos llevó al Banco Central, a dar comienzo a una política monetaria contractiva. Ahora bien, ¿cómo se llevó adelante?

Cuando el Banco Central quiere retirar pesos de circulación, no lo hace compulsivamente, sino que debe «tentar» a los tenedores de pesos para que se desprendan de los mismos. ¿Cómo lo hace? Subiendo la tasa de interés. De este modo se hace más atractivo comprar instrumentos como las LEBACS y se intercambian pesos por instrumentos que prometen pagar una tasa de interés interesante. Hasta aquí ningún problema. Los pesos salen de circulación, quedan en poder del Banco Central y se valoriza la moneda de curso legal.

Sin embargo, este tipo de políticas contractivas, como su nombre lo indica, trae aparejada una contracción de la actividad económica. El costo de esta política (necesaria para bajar la tasa de inflación), recae sobre los niveles de inversión productiva, es decir, sobre la inversión en bienes de capital, en maquinarias y equipo, en inmuebles, en inventarios. La inversión financiera desplaza entonces la inversión productiva. Esto provoca que la inversión productiva tarde en llegar, que se demore. Así, la recuperación económica que se espera, se prorroga un poco más, generando una especie de trampa para las expectativas que se forman los empresarios sobre el despegue de la economía. A su vez, si la demanda agregada (mayor demanda de bienes y servicios) no repunta, no hay motivos tampoco para ampliar la capacidad productiva de las empresas, generándose así un círculo vicioso que conviene romper.

Los efectos de la política monetaria contractiva sobre la economía real, representan el motivo de la disyuntiva que en estos casos se presenta para quienes son responsables de la política económica. El presidente del Banco Central y el ministro de Hacienda quedan en una dicotomía: el primero debe, para preservar el valor de la moneda (función principal del Banco Central, según lo establece su carta orgánica) llevar adelante en este caso una política monetaria contractiva, con impacto negativo sobre la economía real; mientras que el segundo sufre la ralentización de la recuperación y la exánime reactivación económica. ¿Es esto un problema de política económica? No necesariamente. Bajar la inflación es el equivalente a sentar las bases de la recuperación que tanto esperan los residentes de nuestra querida Argentina. Nada mejor, de hecho, que exista esta dicotomía de política económica, en tanto y en cuanto esta actúa de barómetro de la independencia de poderes entre Banco Central y Poder Ejecutivo o Ministerio de Hacienda.

La pregunta entonces que todos se hacen es cómo se rompe ese círculo vicioso que antes mencionábamos.

Son muchos los factores determinantes de las inversiones. La tasa de interés es uno de ellos, pero no es el único. Por ello, es clave que se generen expectativas positivas y que la comunicación transmita cohesión de objetivos entre los distintos hacedores de política económica.  Y por supuesto, las instituciones co-mo límites del margen de maniobra de la política económica.

Cuánto tiempo necesitará el Banco Central continuar con contracción de la oferta monetaria, dependerá de cómo se aproxime la tasa de inflación a las metas prefijadas. Ahora, cuanto tiempo serán las LEBACS el instrumento de política monetaria contractiva, dependerá no sólo de la decisión del Banco Central sino de cómo se configuren las alternativas de inversión, pues cambios en el plano internacional por ejemplo, como la devaluación del real, podrían dar lugar a otros escenarios para la colocación de fondos.

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Año XVI Edición 5821