Por Néstor Sierra Fernández (*)
@nesifear 

Es ineludible, y necesario en un periodista profesional, constatar las argumentaciones con datos, y así lo haré. Mi intención, amigos lectores, es demostrar que los datos justifican un drama moral más que un problema económico.

El testimonio que se viralizó de una mujer que participaba en una manifestación de la izquierda el miércoles pasado, demuestra la ìndole moral del problema argentino. «Me quieren mandar a trabajar de 8 a 5 de la tarde, y eso no es justo», le dijo a la periodista Sandra Borghi. Alguien le debería decir a la señora que el dinero que su familia recibe sin ninguna contraprestación es una transferencia hacia ella desde el bolsillo de los que trabajamos y pagamos impuestos. Y eso no es justo.

La señora, entonces, integra el 98,5 por ciento de los 15,5 millones que no trabajan, que no están disponibles para trabajar (¡Sí, 15,27 millones no quieren trabajar!). Así lo atestiguan datos del primer trimestre de este año, difundidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos.

¿Hace falta explicar que nuestro problema económico tiene una raíz moral?

Si cada vez más gente recibe dinero sin dar una contraprestación a cambio, menos se produce, y hay cada vez menos oferta de bienes y servicios. Pero como al gobierno ya no le alcanza lo que recauda en impuestos para dar planes (ni para subsidiar la energía y el transporte en CABA y Gran Buenos Aires), debe emitir. El otro problema, entonces, es que a mayor cantidad de pesos y menos bienes, se acrecienta la inflación.

Un párrafo super explicativo y fácil del genial Claudio Zuchovicki alecciona: «La causa de la inflación se conoce desde hace siglos y es la suba sostenida y persistente de todos los precios de los productos que compramos, y eso es el resultado de que la masa monetaria aumenta más rápidamente que la producción de esos productos. Y tal cosa sucede cuando el Gobierno financia el déficit fiscal con emisión monetaria o con emisión de deuda». Simple.

¿Por qué el gobierno no deja de emitir? Porque con los planes y subsidios cree asegurarse los votos (manteniendo cautivos a los pobres cada vez más pobres) y con la inflación recauda más. Pero el resultado es que cada vez se produce menos. Por lo que hay menos cosas para comprar con más billetes, por eso nos sacamos los pesos de encima.

A esta altura, tal vez no haga falta aclarar que el problema económico de la Argentina se origina en un drama moral.

Obviamente, más inflación sigue erosionando cada vez más el salario real, como ustedes, amigos y amigas lectores, lo comprueban todos los días al ir al supermercado. Ustedes mismos comprueban lo que oficialmente refleja el INDEC: Entre enero y abril del 2022, -úiltimo informe disponible- el índice salarial promedio tanto privado como público aumentó un 20,6%. ¿Cómo? Sí, en términos nominales. Pero como la inflación en el mismo cuatrimestre fue el 21,3 por ciento, hubo una depreciación del salario real de 0,7%, que se suma (mejor dicho, resta) a la caída del salario real de 2021. Y eso sin contar el 5,1% de aumento del índice de precios al consumidor en mayo y el 5,3% en junio, lo que llevó la inflación acumulada en el semestre al 36,2 por ciento.

El intendente de Lanús, Néstor Grindetti, y otros alcaldes de Cambiemos, reclaman que los planes sean administrados por los intendentes, para que los actuales beneficiarios trabajen para que ese trabajo sea retribuido por el dinero que hoy reciben sin contraprestación. En pocas palabras, que ese dinero sirva para pagarles por un trabajo.

La vicepresidenta Cristina Fernández, en su discurso en Avellaneda, se volcó a favor de quitarle al Movimiento Evita (Emilio Pérsico) y a la izquierda el manejo del dinero de los tres millones de planes sociales… para que lo manejen «los intendentes» (¿solo del FDT?), pero no habló de cambiar los planes por trabajo.

Si no se cambian los planes por una retribución por trabajo, habrá cada vez más déficit y más emisión y menos bienes y, en consecuencia, más inflación. La bomba está por explotar, y nadie se quiere hacer cargo.

Y termino, amigos lectores, porque creo que no hace falta repetir que nuestro problema, más que económico, es moral.

 

(*) El autor es licenciado en Periodismo (UNLZ), director de PUNTO SUR y columnista económico en «Informados», canal Teleceativa.

Imagen. Fuente: eldiarioar

 

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Año XVI Edición 5934