Por Néstor Sierra Fernández
@nesifear

 

Como buen alumno de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández, el Presidente Alberto Fernández comenzó a descubrir enemigos, que enumeró ayer en dos entrevistas. Baste recordar que su vice, cuando ocupó el cargo que hoy ostenta él,  veía enemigos en el Campo, en «los grandes medios» como Clarín, en los «grandes grupos económicos», en «los buitres», por enumerar algunos.

Se trata de un instrumento conocido para construir populismo, usado por los gobiernos peronistas. No es novedoso: ya los antiguos griegos, gestores del «demos» y «Kratós», lo hacían.

Así, en una entrevista concedida ayer a Radio Rivadavia, el Presidente culpó a la última administradora de la Provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, por los problemas de infraestructura en el sistema sanitario bonaerense. Su primera enemiga.

«Se saturan las páginas, las consultas no se pueden hacer por internet. Pero, ¿tienen presente que por cuatro años tuvimos una gobernadora que decía que no iba a abrir un hospital más en la provincia de Buenos Aires?» afirmó Fernández. lo que motivó la rápida respuesta del exsecretario de Asuntos Municipales de Vidal: «En cuatro años llevamos adelante un plan para mejorar todas las guardias de los hospitales de la provincia. Trabajamos en las 58 guardias provinciales y terminamos las obras en 55. Además, implementamos el sistema Triage, que le da prioridad a las emergencias».

Luego, en otra entrevista con el periodista Gustavo Sylvestre, en la señal C5N, Alberto Fernández la emprendió contra «los especuladores» por el aumento del dólar.  «La economía cae porque no se mueve. Si la economía no se mueve, para qué necesitan estos dólares, para nada, para especular». O sea, el que tiene la suerte de seguir cobrando su sueldo y que le sobren unos pesos, y los ahorra comprando dólares, para el presidente es un especulador, otro de los enemigos.

Una moneda, para ser considerada tal, debe tener tres características: ser unidad de cuenta (todos los precios deben denominarse en pesos, en nuestro caso), medio de intercambio (si vas a comprar carne, la debe aceptar el carnicero para que a este se lo acepten también como medio de pago) y como reserva de valor (ahorro): con inflación desde 1949, salvo en 1985 y entre 1993 y 1999), una moneda que perdió 13 ceros no sirve como ahorro, por lo que los argentinos refugian lo ahorrado en una moneda confiable, como la norteamericana. Y esto el presidente lo sabe.

La buena gestión con el aislamiento por el coronavirus es innegable, pero la alta imagen que le da este acierto al presidente, pasará junto con el coronavirus. Y como ese tiempo se está yendo, Alberto Fernández retoma las herramientas para construir populismo, para eternizarse en el poder. Veamos:

En su libro «¿Por qué funciona el populismo?», la periodista y doctora en Teorías Políticas María Esperanza Casullo describe la construcción del populismo, desde la antígua Grecia y el Imperio Romano hasta la Argentina y, por izquierda, desde Perón y Maduro hasta Trump y los partidos ultraderechistas europeos, que toman como «enemigos» a los inmigrantes, como «causantes de todos sus males».  Populismos de izquierda y de derecha. Describamos los engranajes del mecanismo de construcción del populismo:

  1. Los gobernantes populistas comienzan dando dádivas al pueblo (por ejemplo, planes sociales, subsidios sin contraprestación o «Fútbol para todos»).
  2. Como en las novelas y los viejos folletines latinoamericanos, el populista debe crear un enemigo (si son varios, mejor), los «villanos», de los que el «héroe» (el presidente) debe defender a la «víctima» (ese sujeto colectivo llamado «pueblo»). El enemigo puede ser interno (los grandes grupos económicos, las corporaciones) o externos («El imperialismo yanki», el presidente de Estados Unidos).
  3. Todos ellos querrán «terminar con los beneficios que el «héroe» les otorgó a «la víctima»: por lo tanto, hay que luchar contra ellos. Para esta altura, el presidente populista habrá logrado el apoyo de los que no quieren perder las dádivas (como los planes sociales) y apoyarán al populista, que siempre necesitará «enemigos» para mantener su popularidad como héroe.

El 23 de diciembre, el Presidente comenzó a construir el populismo: aumento de las retenciones al campo (otra vez el mismo enemigo), aumento de impuestos a los bienes personales, instauración del impuesto PAIS (30% a la compra de divisas, al turismo y a las compras de productos extranjeros), congelamiento por 180 días de las tarifas de luz y gas. Leve aumento a las jubilaciones mínimas y suspensión de los aumentos a las jubilaciones superiores a la mínima de acuerdo a la anterior norma del Gobierno de Mauricio Macri.

Ayer entró en la «segunda etapa», no de la cuarentena por el coronavirus, sino del populismo, inventando enemigos en su retórica: Vidal, los que compran dólares para ahorrar.

En muchas provincias, el presidente autorizó la apertura de actividades, algo que, tenuemente, el gobiernador Axel Kicillof permitió en Buenos Aires. Con ese retorno productivo y tratando de empezar a pagar la deuda en 2024, después de su mandato, Alberto Fernández tal vez obtenga dinero para seguir con el populismo. La vuelta del fútbol «gratis», que comenzó a comentar es, en realidad, la vuelta del populismo.

Gratis es un adjetivo muy lindo, que todos quieren, pero tan mentiroso como el populismo.

 

 

 

0 Comentarios

Dejar comentario

Año XVI Edición 5939