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Mar, May 28, 2024

La cantante Roxana Horton en el papel principal, su par Mónica Koggionis y un gran elenco de canoras entregaron una actuación memorable de la obra de Giacomo Puccini.

Por Néstor Sierra Fernández
@nesifear

En un convento italiano de Siena, a mediados del Siglo XVII, una tarde las monjas hablan de sus deseos:  Suor Genoveva confiesa que ella desea ver de nuevo corderos debido a que solía ser pastora de muchacha, Sor Dolcina desea algo bueno para comer. Suor Angelica dice que ella no tiene ningún deseo, pero tan pronto como lo dice, las monjas hablan por lo bajo:  Suor Angelica ha mentido, porque su verdadero deseo es saber algo de su familia, rica, noble, de la que ella no ha oído nada en siete años. Según los rumores, la enviaron al convento como un castigo. Suor Angélica vive en un exilio lamentable por órdenes de su familia, que desaprobó su relación extramatrimonial, que trajo como consecuencia un hijo. Ella añora al hijo desconocido y odia a la tía causante de su encierro.

Así se desata el corazón argumentativo de la ópera «Suor Angelica», de Giacomo Puccini, de cuya piel se vistió magistralmente la excepcional soprano Roxana Horton, acompañada por la sublime actuación de su par Mónica Koggionis (la Zia Principesa), y un elenco de 20 sopranos y mezzosopranos, que actúan magistralmente como las otras hermanas del convento.

En la obra, ofrecida en el foyer del porteño Teatro Empire, la zia principesa llega al convento siete años después de que alojó allí a Suor Angelica. El anuncio de la llegada de la princesa provoca gran expectación en Suor Angelica, pensando que podría ver por fin a su hijo, pero la visita de la zía principesa fue para hacerle firmar un testamento a favor de su hermana que se casaba y para arrojarle en la cara que su hijo, el que Suor Angelica tanto añora conocer, ha muerto hace dos años.

A esa altura, Roxana Horton, ya no hacía de, sino que, con su maestría, ya era en los espectadores Suor Angelica, y con esa maestría se desmaya ante la noticia de que la muerte de su hijo, se ve atrapada por una visión celestial — cree oír a su hijo llamándola para encontrarlo en el Paraíso-, entra en éxtasis, bebe una poción venenosa, al darse cuenta de que no podrá ver a su hijo en el paraíso por castigo le pide perdón a la virgen y, cuando muere, se produce el milagro: coronada por la presencia de la Virgen María y de su propio hijo (el niño Elías Kogionnis Palacios) se llevan a la monja al cielo. El momento es envuelto por las voces del resto del elenco, las otras hermanas y la abadesa, que desde la parte anterior de la sala se unen con sus voces hermosas al canto de despedida de Suor Angelica.

La magistral representación de esta obra de Puccini y libreto en italiano de Giovacchino Forzano, tuvo la dirección musical del maestro Matías Cano, el pianista y preparadr musical Simón Sánchez y la puesta en escena de Francisco Filomena.

Tanto los habituados al mundo de la ópera como para los ajenos a ella, disfrutaron de una tarde excepcional el sábado 11 de noviembre. Con «Suor Angelica», el público partió del Empire con el alma llena de arte y con ganas de más.

 

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Año XVIII, edición Nª 6474

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