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Vie, May 8, 2026

Por Néstor Sierra Fernández
@nesifear

María entra al súper del barrio, en el que habitúa hacer las compras del mes; inmersa en ese universo de alimentos y bebidas, lo primero que ve en la góndola es un paquete de galletitas dulces, justo a la altura de su vista. Mira el precio, toma el paquete cuya marca, en letras de molde, identificó sin esfuerzo; lo recorre lentamente hasta descubrir qué cantidad contiene. Toma dos paquetes y lo acomoda en el carrito. Luego, hace lo propio con dos botellas de gaseosa cola, tras ver el tamaño de cada botella y escrudiñar su precio.

María creyó leer todo de cada producto, pero omitió lo más importante: de haber leído detalladamente las letras casi ilegibles de los componentes de las galletitas, hubiera descubierto la cantidad de azúcar, harina, conservantes y aromatizantes de cada unidad, o que una botella chica de gaseosa ingresará al estómago de sus hijos hasta 66 gramos de azúcar.

 

Por eso, en el Congreso nacional se está trabajando en un proyecto de ley de “Etiquetado Frontal de Advertencias”, que obligue a las empresas de alimentos industrializados a advertir con un hexágono negro en el envase que tiene “exceso de azúcares” o “de grasa”, o de determinado componente que puede hacer mal, “para que el consumidor sepa qué es lo que está comprando, que lo adquiera porque es lo que quiere consumir y no porque sea un engaño”, explica a PUNTO SUR la licenciada en Nutrición Gisel Ramundo (MN: 3919), que lucha para concientizar sobre la importancia de aprender a alimentarnos saludablemente y, en consecuencia, que ese proyecto se convierta en Ley.

La Federación Interamericana del Corazón (FIC) y la Federación de Graduados de Nutrición (FEGRAN) les reclaman a la Comisión Nacional de Alimentos que se reúna esta semana para tratar lo que es por ahora un proyecto de Ley de Etiquetado Frontal.

Se trata de una lucha de intereses: el del consumidor a elegir comprar o no un producto con la advertencia y el de las industrias alimenticias de vender. “Si una gaseosa tiene un sello de advertencia negro, conciso, fácil que diga ‘alto en azúcares’ y ‘alto en sodio’, para el comprador es muy sencillo de identificar y decidir comprarlo o no, pero para las grandes industrias de alimentos es pésimo, porque esos indicativos hacen que baje el consumo de los alimentos ultraprocesados”, grafica Ramundo, quien resume que “se trata de una puja entre la salud y el negociado”.

En Uruguay, una ley similar está vigente, pero la licenciada cuenta azorada que “la quieren sacar, porque disminuyeron los consumos de los alimentos ultraprocesados, pero se está luchando para que en los departamentos en donde rige no la deroguen”.

Si uno se tomara el trabajo de leer las etiquetas actuales de los alimentos, entraría en una empresa imposible, ya que “son inentendibles -se indigna Ramundo-, pues las letras son pequeñas y te meten ‘un verso’, que el producto es muy natural, y nada que ver, porque tiene un montón de aditivos”.

Al respecto, los profesionales de FIC y FEGRAN “no pretendemos que los envases tengan todos los ingredientes adelante, pero sí un sello de advertencia de aquellos productos que tienen en mayor cantidad, por ejemplo colesterol o grasa”, pide Ramundo.

Por ejemplo, la profesional ejemplifica que en la gaseosa, lo dañino “no solamente son los azúcares, sino lo que estos conllevan, ya que tienen calorías, aumentan la glucemia y la insulina y además tienen un exceso de aditivos, conservantes. colorantes,edulcorantes, que hacen que sea un producto tan industrializado, tan químico, que yo, como profesional, prefiero aconsejarte que si querés tomarte algo dulce, te hagas una limonada vos mismo y le pongas azúcar, va a ser 10 veces más sano que tomar algo comercial”.

Pero María, la consumidora de nuestro ejemplo, ¿qué acciones puede tomar mientras espera que el Etiquetado Frontal de Advertencia sea una ley? La licenciada Ramundo aconseja que “siempre hay que tratar de elegir alimentos naturales, en los que no tenemos que leer etiquetas, como una fruta o un vegetal, así nos aseguramos que sea un alimento natural”.

“En el caso que compremos un alimento industrializado, tengamos la certeza de lo que estamos comprando”, añade.
Es cierto que el menú habitual no incluye solo frutas y verduras- “Por supuesto que no -admite Ramundo-. pero lo recomendable es ingerir cinco porciones diarias entre vegetales y frutas, algo que la gran mayoría de la población argentina no lo cumple”.

Ante una pregunta en concreto, la licenciada revela a este medio que, de acuerdo a “datos de la Sociedad Argentina de Nutrición, el 61,5 por ciento de la población argentina padece sobrepeso (entre 25 y 35 de índice de masa corporal (IMC) u obesidad (más de 35 de IMC)”. El IMC se obtiene dividiendo el peso de la persona sobre el cuadrado de su altura en metros.

El dramático hecho que más de la mitad de los argentinos sufran esas patologías, con las enfermedades que traen aparejadas (cardiovasculares, circulatorias, diabetes), vuelve imprescindible y hasta imperioso que los legisladores no se dejen presionar por los intereses de las grandes empresas productoras de alimentos industrializados y aprueben la Ley de Etiquetado Frontal de Advertencias. Las entidades profesionales luchan para ello bajo el lema #etiquetado claro ya!.

Para que María, en el supermercado, pueda ejercer su derecho como consumidora a saber de forma clara y fácil qué le va a dar de comer a sus hijos.

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Año XIX, edición Nª 6885

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