Néstor Sierra Fernández

El Gobierno nacional cerró enero con un déficit primario (antes del pago de intereses de la deuda) de $3766 millones frente al superavit de $16.658 millones  que habían registrado las cuentas públicas en igual mes de 2019.

El Ministerio de Economía reconoció que el déficit «se debe mayoritariamente a un impulso de la inversión social a comienzos de año».

En esa «inversión social» se cuenta la tarjeta AlimentAR, dada a la gente supuestamente necesitada. Pero de acuerdo a lo informado por la ANSES, organismo a cargo de la implementación de ese plan, (y que la Defensoría del Pueblo replica para informar a los lanusenses alcanzados por el programa social) la tarjeta:

  1. Está destinada a madres o padres con hijos e hijas de hasta 6 años de edad que reciben la Asignación Universal por Hijo (AUH), que obtendrán en marzo $3063.44 (aumentó 12% con respecto a febrero) por cada hijo, que sumado a los 4.000 pesos que puede tener en alimentos con la tarjeta las familias con un hijo de hasta seis años, esa familia recibe un ingreso sin nunguna contraprestación de $7063,44, monto que llega a los 9063.44 pesos si tienen más de un hijo en esa franja etaria.
  2. También pueden obtener su tarjeta alimentar las embarazadas a partir de los 3 meses que cobran la Asignación por Embarazo ($2746), con un hijo (recibiría un total de $6746) o más, de menos de 6 años ($8746).

ANSES dice que el destinatario de los beneficios de la tarjeta AlimentaR saldrá del sistema cuando su hijo cumpla 7 años, y que ANSES lo sabrá con un entrecruzamiento de datos, pero lo  contradictorio es que  «ANSES dará aviso por teléfono o mensaje de texto al número que está registrado en su base de datos», de que esa persona dejará de recibir el beneficio. Si tiene teléfono fijo, la beneficiaria tuvo que haber comprado un teléfono y tener un abono (en Telefónica, mìnimo $483), y además, pagar las llamadas. Y si recibe mensajes de texto, es porque tiene un celular, que tuvo que haber comprado y además tener un servicio con facturación o con tarjeta. Con lo cual, ya no es tan pobre. ¿Controla la ANSES quién es pobre y quien no?

Sobre todo, teniendo en cuenta que en enero, del total de erogaciones, el gasto social fue de $182.505,40, que significa el 42 por ciento.

Según datos informados por el mismo Ministerio de Economía, en enero los ingresos totales del mes ascendieron a $395.225 millones (+40,3% inter anual) y el gasto primario totalizó $398.990 millones (un aumento del +50,6% i.a).

«Dicha dinámica se debe mayormente al impulso de la inversión social: la movilidad del 8,74% otorgada para prestaciones sociales, el bono de $5.000 para 4,5 millones de jubilados y pensionados y la puesta en marcha del programa de tarjetas alimentarias en el marco del Plan Argentina contra el Hambre. Estas dos últimas medidas implicaron desembolsos por alrededor de $25.350 millones, sin los cuales el gasto primario habría crecido en sintonía con los ingresos fiscales (+41% i.a.)», explica el Ministerio.

La culpa de los males de la Argentina no la tienen los pobres, pero se trata de que el Estado deje de hacer asistencialismo, y compruebe con la AFIP quién es realmente pobre, quién realmente necesita recibir entre 7 mil y 9 mil pesos por mes sin ninguna contraprestación, o con un trabajo que no le alcanza para vivir si no es con ayuda del Estado. Porque para darle plata gratis a quienes no trabajan pudiendo hacerlo,  sacándola del aumento de los impuestos a los que producen, del sueldo a los trabajadores en concepto de impuesto a las Ganancias o a los jubilados que ganan 20 mil pesos y aportaron toda su vida, no es solidaridad sino una imposición, y es una verdadera injusticia social.

Un país se levanta alentando la producción y la exportación, para que haya más trabajo y más producción.

Cierro con un ejemplo: La Nerviosísima es una empresa láctea que vende mil sachets de leche por semana, a $50 cada uno. Juan trabaja y compra dos sachets por semana, con lo que gasta $100. María no trabaja y con la AUH o el plan hijos compra también dos sachets por semana. El Gobierno aumenta a Juan 100 pesos de impuestos para subvencionar más compras de María con la Tarjeta AlimentAR, que podrá comprar dos sachets lácteos más, con lo que ahora tendrá cuatro leches por mes, pero a costa de Juan, que ya no podrá comprar sus dos sachets de leche. ¿Cuántos sachets vende ahora «La Nerviosísima? Los mismos, mil, solo que antes Juan le compraba dos y María otros dos (total, cuatro) y ahora, esos cuatro se los compra María y ya no 2 Juan. Por lo que, además, «La Nerviosísima» no aumentó su producción ni medio sachet. Eso no es distribución, sino transferencia de recursos.

En economía todo tiene un costo. No hay de todo para todo el mundo, al menos gratis. Y la plata siempre sale de algún lado. Y el Gobierno es Robin Hood con el dinero de quien produce.

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Año XVI Edición 5939